Opinión: ¿Dónde quedó la reconversión laboral?
- 22 may 2017
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Con falsas promesas, hace unas décadas atrás nos sacaron del campo, prometiendo que en el mar y sus abundantes productos, muy cotizados en mercados internacionales estaba la solución a la (supuesta) pobreza que se vivía en estas tierras insulares.
Luego de un par de décadas en las cuales, mataron cada producto marítimo que pudieron extraer y después de generar una contaminación suficiente para impedir la vida normal que tenía lugar en nuestros fiordos y canales, es que asalta la pregunta ¿Dónde está la alternativa laboral de Chiloé?

En las movilizaciones del pasado año, el “Mayo Chilote”, nos dejamos llevar por la ira y el ímpetu de transformarlo todo gritando más de una vez: “FUERA SALMONERAS”; cuña que resumía nuestra ira y nuestra búsqueda de culpables. Y teníamos razón, en estas últimas décadas fueron las salmoneras las que provocaron un colapso ambiental de magnitudes no conocidas por Chiloé y sus alrededores.
Bajo esa premisa, sabiamente, surgió la idea de no ocupar esta consigna pues no teníamos (y no seguimos teniendo) las herramientas necesarias para dar sustento laborar y económico a todas esas familias y personas que quedarían abandonados por el sistema si “las salmoneras se fueran”.
Esto comienza a abrir la discusión que plantea el titulo ¿Dónde está la reconversión laboral?
Y nos referimos a todo el mundo del mar que, por culpas compartidas entre estado y privado quedaron sin su motor de vida. Es bastante difícil saber el real impacto que tiene un desastre como el que vivimos en Chiloé, pues la fuente que daba una estabilidad a todo ese sector de la población, que no depende del servicio público (bastante grande en la provincia por lo demás) ya colapsó y para recuperarse necesitará un tiempo suficiente para preocupar a quienes por años le tuvieron de aliada.
Todos sabemos el valor que tiene Chiloé, desde sus variedad de aves hasta sus palafitos e Iglesias, Patrimonio de la Humanidad, y por el cual venimos dando la vida por preservar, pero también existe una realidad impuesta por el modelo, que se reproduce en las urbes citadinas y que apremian en tiempos donde las alternativas laborales escasean de manera preocupante. La información frente a este tema es exigua, la reconversión hasta el momento es nula y las oportunidades de una industria o producción en cadena se ven lejanas.
Hemos aprendido y sabremos transformar acorde a las necesidades del territorio, la industria que pueda asomar en un futuro, también entendemos en el cooperativismo un ejercicio de organización y economía muy típico, interesante y a fin a las tradiciones que sabemos aún replicar; lo que preocupa es que no se vislumbra alternativa propuesta por sectores privados, ni una planificación asertiva del sector público.
Bien dijo una vecina hace un tiempo atrás “Es ahora cuando debemos decir “No queremos bonos”, no queremos el dedo en la boca, queremos pan para nuestros hijos y leña en nuestra bodega, pues no pedimos regalos, solo que nos dejen decidir dónde queremos trabajar, porque sabemos que lo haremos bien”
Queremos trabajo, pero también queremos dignidad. El futuro ya no puede seguir siendo ese inalcanzable horizonte soñado pero jamás vivido. NEWEN CHILWE!
Por Christian Ruiz


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