Opinión: Reflexiones sobre el Mayo Chilote
- 16 may 2017
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El sábado 13 de mayo de 2017 llovió mucho. La lluvia nos pilló acarreando cajas, sillas, lienzos, equipos de música, entre otras cosas. Todo para que saliera bien el acto final de conmemoración de un año de la crisis socio ambiental que afectó a nuestro territorio. Y salió todo bien. Vimos videos, fotos, escuchamos música de esos días y recordamos con dolor lo que nos sucedió a todos.
Entre noviembre y diciembre de 2015 murieron millones de salmones por un Bloom de algas que los asfixió. La industria reportó 100.000 toneladas. Desde ese momento comenzaron a arrojar pescados muertos al mar, desde el Seno de Reloncaví a los mares interiores de Chiloé, como reportaron trabajadores del salmón que eran obligados a esta sucia tarea.

La cantidad de salmones muertos era tal, que no pudieron deshacerse de ellos hasta que estaban totalmente podridos y cubiertos de ácidos que aceleran su descomposición, además de los químicos que incorporan en su alimentación.
La industria salmonera solicitó al Estado se le autorice arrojar 9.000 toneladas mar abierto frente a las costas de Ancud. El Estado en un tiempo récord autorizó 4.000, sin hacer ningún estudio sobre las consecuencias de esta acción. Sin embargo, esto era sólo un pequeño porcentaje de los salmones muertos, más de 100.000 toneladas.
Chiloé se enojó, por muchas razones diversas. Pero también ese enojo fue manipulado por el Estado, quienes cumpliendo las órdenes de la industria salmonera, aplicó una campaña publicitaria que instaló en la opinión pública varias falacias. Primero, que lo que mató a miles de seres vivos en las costas de nuestro territorio fue la marea roja; que esto era un problema de “pescadores” registrados; que esto se resolvía con bonos a los “afectados”, entre otras aberraciones más.
Es así como hábilmente, el Estado instaló a dirigentes afines a sus intereses en mesas de negociación que no negociaron nada. E instruyeron a los militantes de sus partidos a intervenir la movilización para instalar la división y neutralizarla, de modo que esos dirigentes se sintieran facultados para firmar los acuerdos que el Estado impuso, los que ni siquiera se han cumplido. Invito a leer el petitorio inicial presentado por la mesa provincial en Castro, el que dista enormemente de los acuerdos impuestos por el Estado. Invito a ver las fotografías con la cara de satisfacción de los representantes del Estado cuando los “dirigentes” firmaban esos acuerdos.
Y es así como nombraron desde el Estado a personajes de gobierno ligados estrechamente con la industria salmonera para dirigir las negociaciones con los chilotes. Y pasó un año. Como consecuencia de la crisis provocada por la industria salmonera, hay más inestabilidad laboral, nuestro mar está contaminado y las salmoneras aumentaron sus ganancias en forma exponencial; lo que me permite sospechar de especulación, de intencionalidad, de capitalismo puro y duro.
Nada ha cambiado en nuestra tierra, la que necesita de los chilotes que marcharon y que mantuvieron las barricadas. Tenemos el deber de proteger lo que queda y luchar por recuperar nuestro ecosistema. Tenemos una gran responsabilidad por haber elegido vivir en este lugar y construir juntos un modelo de convivencia que nos dé dignidad y permita que aquellos que vienen puedan disfrutar de lo que nos tocó a nosotros.
A un año de la crisis, vi caer muchas máscaras, vi que somos frágiles ante la manipulación y que simplemente reaccionamos frente a un libreto que había empezado mucho antes cuyo fin último era aumentar el precio del salmón.
Por Marcela Ramos


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